El sarampión no da tregua

Columna de opinión
Dr. Jaime Cerda
Profesor Asociado
Departamento de Salud Pública UC
Resulta desolador leer la noticia recientemente publicada por la Organización Mundial de la Salud, la cual informa un aumento de los casos notificados de sarampión en el mundo.
Hagamos un poco de historia: el sarampión, conocido popularmente en Chile con el nombre de “alfombrilla”, es una enfermedad infecciosa de alta contagiosidad y morbimortalidad, que ha sido protagonista de numerosos y sucesivos brotes a lo largo de nuestra historia. Así lo consigna el profesor Enrique Laval, eminente historiador de la medicina: “A fines de 1899, comenzó en Santiago y luego se extendió a casi todo el país, una de las más mortíferas epidemias de sarampión de las que se tenía recuerdo, continuando durante el año 1900, con una morbilidad y gravedad implacables (…) Con este motivo, don Manuel Arriarán Barros, fundó a sus expensas, el primer hospital de niños del país, que funcionó provisoriamente en la Casa de Ejercicios de San José (…) en octubre de 1900, en la cual inmediatamente se empezó a asistir a enfermos de sarampión” (1).
Los sucesivos brotes de esta enfermedad, de altísima morbimortalidad, ocurrieron sin cesar durante el siglo siguiente hasta la década de 1980, registrándose epidemias como la de 1988, en la cual se produjeron poco más de 45.000 casos (2).
Este sombrío panorama cambió a comienzos de la década de 1990, momento en que se logró torcer la historia al iniciar la vacunación de los niños de un año de edad con vacuna tresvírica e incorporar una segunda dosis de esta vacuna en los escolares de primer año básico. A partir de ese momento, y hasta nuestros días, el sarampión se encuentra erradicado de nuestras fronteras, observándose anualmente muy pocos casos, todos ellos importados o relacionados con importación.
La experiencia de Chile demuestra que sarampión es una enfermedad erradicable por vacuna, permitiendo ahorrar dolor y sufrimiento a muchos niños y a sus familias. Sin embargo, su alta contagiosidad hace necesario mantener coberturas altísimas de vacunación, por sobre el 95%, y realizar periódicamente campañas de puesta al día.
Las interrupciones relacionadas a la pandemia por COVID-19, el aumento de desigualdades en el acceso a vacunas y el desvío de recursos destinados a su vacunación, unido a conflictos bélicos y otras crisis hacen que muchos países del mundo no logren conquistar la anhelada meta del control de esta enfermedad, siendo también el preludio para la reemergencia de otras enfermedades inmunoprevenibles, actuando a modo de patología centinela.
¿Qué aprendizaje puede obtener Chile de lo que ocurre en el resto del mundo?
El más importante es que el sarampión no da tregua, y un descuido o relajo en su vigilancia epidemiológica y vacunación pueden ofrecer las condiciones necesarias para que se desencadene un brote.
En la década de los noventa nuestro país desplegó un gran esfuerzo para erradicar el sarampión, siendo ahora nuestra labor mantener la guardia en alto, especialmente en momentos en que el sistema de salud se ve altamente exigido producto de la pandemia por COVID-19, promoviendo la vacunación infantil oportuna, gratuita, eficaz y segura.
Referencias:
- Laval E. La epidemia de sarampión de 1899-1900 en Chile y la creación del primer hospital de niños de Santiago. Revista chilena de infectología 2002; 19:121-123.
- Delpiano L, Astroza L, Toro J. Sarampión: la enfermedad, epidemiología, historia y los programas de vacunación en Chile. Revista chilena de infectología 2015; 32:417-429.