La bacteria más grande jamás encontrada

Thiomargarita magnífica. Es el nombre de la bacteria más grande jamás encontrada por la ciencia. Mide alrededor de un centímetro de largo y su hábitat natural está en las hojas podridas sumergidas en los manglares de Guadalupe, en el Caribe.
El hallazgo lo hizo el biólogo Olivier Gross, en 2009, mientras trabajaba en la Universidad de las Antillas, en las Antillas francesas. Un manuscrito preliminar se publicó en la revista Science en febrero de este año y fue difundido por la revista Nature en este artículo.
La bacteria se asemeja a filamentos parecidos a hilos y es la bacteria unicelular más grande encontrada hasta ahora. Vive de la oxidación del azufre y su tamaño es 50 veces mayor a cualquier otra bacteria conocida.
La doctora Beatrice Herve, microbióloga de clínica Las Condes y médico de Infecciones Asociads a Atención en Salud en la misma clínica y en el Hospital Salvador, afirma que hasta ahora las bacterias han sido consideradas como seres microscópicos que solo son visibles mediante la amplificación con lentes de diversas potencias.
Recuerda que las primeras noticias sobre esta enorme bacteria las dio el microbiólogo Oliver Gross, quien al analizarla se dio cuenta de que se trataba de un organismo unicelular. Años después, en 2018, la investigadora mexicana Silvana González Rizzo determinó mediante microscopía electrónica y técnicas de inmunofluorescencia que se trataba de una procarionte. Es decir, una bacteria.
“La llamaron Thiomargarita magnificena. Esto significa “perla sulfurosa gigante”, ya que metaboliza principalmente azufre, y lo almacena en gránulos de sulfuro en su citoplasma, lo que da aspecto perlado. Existen otras Thiomargaritas, pero de tamaño muy inferior. Se considera que la función de este género bacteriano consiste en detoxificar el ambiente que lo rodea, retirando azufre del medio, permitiendo así la sobrevida de otras especies”, explica la doctora Herve.
La bacteria más grande del mundo tiene características especiales. Contiene en su citoplasma un genoma grande con aproximadamente 12.000 genes y un número extremadamente alto de copias de su genoma que se supera las 500.000 copias.
“Estas copias se encuentran envueltas en gránulos rodeados de membrana, que fueron denominados pepinos por los investigadores que hacen su descripción. Esto ha generado una controversia respecto de si se trata o no de un estado intermedio en la evolución entre procariontes y eucariontes, o bien una rama evolutiva diferente de los procariontes, que por definición tienen su genoma libre en el citoplasma, sin membrana que lo rodee, a diferencia de los eucariontes”, plantea.
Respecto de la eventual patogenicidad de una bacteria de estas características, la doctora Hervé reconoce que siempre existe algo de temor ante esa posibilidad. “Sabemos pocos, pero es muy posible que se trate de un saprófito (organismo que vive sobre materia orgánica en descomposición y de alimenta de ella) bien ubicado en la cadena ecológica con una función clara que -mientras no se altere su ecosistema- no debiera causar impacto sobre la salud humana”.
En su opinión, estos hallazgos desafían los conceptos previos respecto del tamaño y visibilidad de las bacterias cono de la organización del material genético. “Han puesto de manifiesto que existe un sesgo de confirmación en la actividad científica. Buscamos lo que creemos que existe. Hasta ahora no creíamos que existieran bacterias tan grandes, visibles a ojo desnudo. Puede haber más, solo nos falta encontrarlas”, advierte.